Crónica de una Traición Anunciada

Bajo una dictadura, las elecciones no pueden emplearse como instrumento un instrumento

para lograr un cambio político significativo” (Dr. Gene Sharp)

 

 

 

 

Para Eric Ekvall, quien insiste en la “Teoría del Fraude”, éste es mutante… como los virus.  Estamos hoy ante un fraude que ha venido mutando desde el año 2004.  Según Ekvall, el fraude es doble, porque tiene que ver con las nuevas máquinas capta-huellas, por un lado… y por la aceptación de las mismas por parte de la oposición, por el otro.  En otras palabras, estamos ante una TRAICIÓN, no ante un fraude.  Las máquinas servirán para justificar la derrota, nada más.

 

Se ha olvidado ya nuestro amigo Ekvall, que el empleo de capta-huellas que correlacionan los votos con los electores es un tema viejo en Venezuela.  La misma María Corina Machado nos relató en su conferencia del año 2009 en Miami, un experimento que se llevó a cabo en unos galpones de Mariche, cerca de la ciudad capital de Caracas, que tuvo como protagonista a las maquinitas capta-huellas.

 

Denunciar esta maniobra electrónica es un arma de doble filo para muchos entendidos.  Por un lado, hay que denunciar un equipo que pudiera concatenar el voto con quien lo emitió.  Cuando uno se para frente a las maquinitas estas y coloca ahí su huella, se genera un códico o una numeración secuencial.  Digamos que uno es el elector número 15 del día.  Inmediatamente después de regalarle su huella a la maquinita, es invitado a votar… y las máquinas de votación también pueden, perfectamente bien, generar una numeración secuencial.   En micro-segundos, el sistema podría generar un listado indicando cómo votó cada elector, porque se trata de un proceso electrónico y todo proceso electrónico puede dejar huellas si así es la intención de quienes lo diseñan y programan: ¡tan sencillo como eso!

 

Por el otro lado, al denunciar este procedimiento fraudulento y/o de intimidación, se está generando una gran abstención o, en el peor de los casos: se obliga al elector que depende de alguna forma del régimen, a votar a favor del candidato oficialista por temor a perder los beneficios que del régimen recibe… y no debemos olvidar que este régimen a quintuplicado el universo de empleados públicos.  Cada uno de estos empleados pudieran significar varios votos, considerando que tienen familias entre los electores.  Nada más por ahí y contando con la “pequeña ayuda” de unos cuantos centenares de miles de votos virtuales tomados de los archivos de los electores chimbos, ya la balanza se inclina, enormemente, a favor del candidato oficialista… sin contar la ayuda que pudieran recibir de individuos como Roberto Picón y Félix Arroyo, quienes pudieran dar fe de la “pulcritud” de todo el proceso electrónico.  Todo eso sin contar que el propio candidato, como lo hiciera Rosales en el año 2006, pudiera aceptar su “derrota” y a confesión de partes, relevo de pruebas.

 

Eso de aceptar abruptamente la derrota en un proceso electoral presidencial no es exclusividad de los venezolanos, por cierto.  En el año 2006, Eduardo Montealegre lo hizo en Nicaragua frente a Daniel Ortega y, asombrosamente, lo hizo John Kerry en el año 2004 frente a George W. Bush, asombrando a decena de millones de norteamericanos, incluyendo a sus propios electores, seguidores y copartidarios a los más altos niveles.

 

 

“La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse

periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”

(Numeral 3ro del Artículo 21 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos)

 

.