Crónica de una Traición Anunciada

Bajo una dictadura, las elecciones no pueden emplearse como instrumento un instrumento

para lograr un cambio político significativo” (Dr. Gene Sharp)

 

 

 

 

Para Eric Ekvall, Capriles – a diferencia de su antecesor, Rosales – nos está jugando limpio… está comprometido con su campaña y lo más importante: quiere llegar a la presidencia.  El problema, decimos nosotros, es que no se está esforzando mucho para llegar a ella, más allá de recorrer el país una y otra… y otra vez.  De ser cierta esa intención o ese deseo de llegar a la presidencia, hubiera comenzado por sacar al pueblo a las calles para exigir y obtener las debidas condiciones y, entre muchas otras cosas, conformar un CNE de acuerdo a lo que pauta la constitución y las leyes.   Tiene Capriles, según Ekvall, el temple y la visión necesaria para sentirse como timonel de la nueva Venezuela a partir de su triunfo.  El problema, decimos nosotros, es que no pareciera tener el temple y la visión para dirigir su propia campaña y para no dejarse manipular por aquellos que desde la trinchera de la supuesta oposición, trabajan para que el triunfador sea Hugo Chávez Frías.

 

Por el otro lado, según Ekvall, Capriles está acompañado por instituciones y partidos repletos de indeseables, muchos de los cuales trabajan arduamente para el enemigo; individuos que provienen de la Mesa de la Unidad Democrática, de Acción Democrática y el partido Un Nuevo Tiempo.  Pero a nuestro juicio, Ekvall se ha quedado corto, muy corto.  No mencionó, por ejemplo, a grupos como “Podemos” ni asomó la relación que en todo este proceso comicial ha venido teniendo un “cartel” muy peligroso (para nuestras aspiraciones de recuperar a Venezuela), como lo es el llamado “Grupo Colina”, dirigido desde lejos por José Vicente Rangel y desde cerca (dando la cara), por Teodoro Petkoff.

 

El entorno más cercano a Capriles fue definido por Ekvall como de “un saco de gatos”, asegurando que no confía en algunos de los más cercanos colaboradores del candidato.  Está claro que a Ekvall se le hace difícil destaparse abiertamente en términos de apuntar, con sus nombres y apellidos, a esos traidores que les juegan “kikirigüiki” a Capriles y al resto del país.  Debemos recordar que Eric Ekvall vive en Venezuela y a ella tiene pensado regresar en unos días.  Sin embargo, por encimita pudo mencionar instituciones – y dentro de ellas a su más altos dirigentes – que tienen compromisos, según él, con el régimen de los Hnos. Castro en Venezuela, suficiente como para pensar que estamos ante un escenario igual o peor que aquel que nos sumió en la total depresión colectiva en diciembre del año 2006, tras lo que hoy llamamos “El Rosalazo”, solo que en esta oportunidad, el tiraje nos encarama en el año 2019, cuando el régimen tendrá 20 años destruyendo a Venezuela o lo que quedó de ella.  De aquí a allá, nuestro país se quedará sin el grueso de la clase media, la clase productiva y pensante de un país moderno y de la “pequeña Venecia” quedará, tan solo, el recuerdo.

 

 

“La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse

periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”

(Numeral 3ro del Artículo 21 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos)

 

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